Hoy compré todo lo naranja de la verdulería, porque ese color se parece al de mis ojos de hoy. Me acordaba de la consigna de mi psicóloga dos semanas atrás, de pensar qué le pasa al cuerpo, después de descubrir que me pellizcaba el cuello mientras trataba de decir algo que sentía pero que no podía definir, y habilité una maderita en el respaldo de la cama para escribir dormida porque no puedo parar de buscar la razón y quizás aparece dormida.
El otro día escuché una canción el día entero, se llama "como el aire" y no me pidas que te explique porqué, simplemente es adictiva y me lleva a la oscuridad tierna y sutil, donde las cosas se perciben en respiros calmos, que a la vez son excesivamente densos.
Después de cocinar panqueques, kniches, falafel y hamburguesas a la vez, me dí cuenta que enmudecer el tiempo es otra forma de estar, porque el pensamiento viene solito y el corazón siente en automático, pero el cuerpo se mueve por orden, y si ocupo el pensamiento en mover el cuerpo entonces puedo ganarle al sentir del corazón y esquivar la sensación de finitud existencial.
Aprendí también que puedo sentenciar mis ideas y hacer que alguien me crea capaz de realizarlas, más capaz de lo que me creo yo misma, y entonces ese creer me motiva realmente para hacerlo. El descubrimiento es que me motivan las expectativas externas y no mi propio deseo.
Por alguna razón estoy obsesionándome con palabras como incapacidad, imposibilidad, inasible, inexistente, y es realmente decirlas, lo único de lo que me siento capaz. Como la sensación de querer agarrar el aire delante de un montón de personas y que alguien te pregunte: "Qué hacés?", y busques una forma de decirlo sin que la respuesta sea "estoy intentando agarrar el are", porque sabés que después de esa respuesta te quedás hablando solx.
Durante las clases de canto aparecen muchas postas, la profesora es un poco chamana y entendió mis angustias antes que yo, lo mejor de todo es que no me siento presionada para cantar, aunque diga todo el tiempo que quiero hacerlo. Hay por ahí un deseo profundo que todavía tiene mucho de salir.
Hoy me levanté a trabajar pero sin abrir las ventanas, la casa está oscura y siento frío, asi que puse a hervir todas las verduras naranjas y prendí la estufa. También me puse un pañuelo naranja sobre el que descansan finalmente algunas lágrimas de injusticia, y mientras escucho mil veces "como el aire", me voy a ir a hacer algunas fotos.
El otro día escuché una canción el día entero, se llama "como el aire" y no me pidas que te explique porqué, simplemente es adictiva y me lleva a la oscuridad tierna y sutil, donde las cosas se perciben en respiros calmos, que a la vez son excesivamente densos.
Después de cocinar panqueques, kniches, falafel y hamburguesas a la vez, me dí cuenta que enmudecer el tiempo es otra forma de estar, porque el pensamiento viene solito y el corazón siente en automático, pero el cuerpo se mueve por orden, y si ocupo el pensamiento en mover el cuerpo entonces puedo ganarle al sentir del corazón y esquivar la sensación de finitud existencial.
Aprendí también que puedo sentenciar mis ideas y hacer que alguien me crea capaz de realizarlas, más capaz de lo que me creo yo misma, y entonces ese creer me motiva realmente para hacerlo. El descubrimiento es que me motivan las expectativas externas y no mi propio deseo.
Por alguna razón estoy obsesionándome con palabras como incapacidad, imposibilidad, inasible, inexistente, y es realmente decirlas, lo único de lo que me siento capaz. Como la sensación de querer agarrar el aire delante de un montón de personas y que alguien te pregunte: "Qué hacés?", y busques una forma de decirlo sin que la respuesta sea "estoy intentando agarrar el are", porque sabés que después de esa respuesta te quedás hablando solx.
Durante las clases de canto aparecen muchas postas, la profesora es un poco chamana y entendió mis angustias antes que yo, lo mejor de todo es que no me siento presionada para cantar, aunque diga todo el tiempo que quiero hacerlo. Hay por ahí un deseo profundo que todavía tiene mucho de salir.
Hoy me levanté a trabajar pero sin abrir las ventanas, la casa está oscura y siento frío, asi que puse a hervir todas las verduras naranjas y prendí la estufa. También me puse un pañuelo naranja sobre el que descansan finalmente algunas lágrimas de injusticia, y mientras escucho mil veces "como el aire", me voy a ir a hacer algunas fotos.
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