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sábado, 29 de agosto de 2020

Sensación de pérdida

Traté de no quemar las tostadas, pero se me fue el tiempo pensando en cómo calentar agua sin hacer ruido. Ví tres películas y experimenté una especie de conexión con el pasado, para ver si encontraba explicación a tanta nostalgia. Las fotos me llevan a tiempos desconocidos, y como si fuera una especie de dimensión senil, intento perderme entre esos silencios que de alguna forma empiezan a ser colores. las copas se vino se sintieron en las rodillas, que como si supieran que son indispensables para estar de pié, decidieron avisar antes que no iban a funcionar. 

La media banana de la heladera estaba pasada, la cáscara de la naranja dura y el agua hervida. Como un día normal de algún pasado domingo de familia, prendo la tele y aparecen las tan anheladas tonadas europeas, trenes y timbres entre cachetadas y algunas escenas eróticas. -"Todo el tiempo habla del amor", pienso mientras paso de un capítulo a otro, tratando de contener el inevitable impulso de volver a sentir nostalgia. Pensé que podía preparar un buen café, de esos de medio litro para terminar de una vez con este profundo deseo de estar sentada en la esquina de la mesa del bar de siempre, con mi tan adorada versión de "Seda" y un café en la mano. Me pierdo en el camino con las lógicas de limpieza y limpio la mesada antes de usarla, o tiro alcohol al caño antes de abrirlo, y es que es difícil invertir la memoria y convencer al cuerpo de limpiar después y no antes de usar las cosas. El olor de las tostadas me avisa que ya están, y me distraigo de nuevo pensando que al fin vuelvo a tener olfato y espero ansiosa el momento de servir el café, (esa mezcla hermosa de olor a pan tostado y café!). Las frutas en la cazuela, y una botellita de agua de kéfir para el resto de la mañana son imprescindibles, más aún con la tremenda enganchada que de seguro me pego con esta serie, que de tanta belleza imnotiza.

El pan estaba quemado, el café frío, las frutas oxidadas y los olores perdidos, junto las personas desconocidas de las fotos, el amor que tanto deseo sentir y la poderosa presencia de la sensación de pérdida de hoy.

domingo, 23 de agosto de 2020

Antes del fin

 Solo pude llorar. Sentí miedo, pensé en ustedes. Llamé. Intenté hacer todo bien, pero algo salió mal. Cerré la puerta, dormí tres días. Escribí muchos mensajes, para que todo el mundo entienda. Volví mil veces en el tiempo, no puedo reconstruir. Llegan mensajes. Vuelvo a caer dormida. Siento electricidad en las piernas, latidos en la cabeza y ardor en los ojos. Entre un sueño y otro pasan días. Intento seguir y abandonar esta sensación de finitud. En mi ventana duele el sol. En mis pies quema el frío. En mi boca arde la noche. En mi espalda pesa el sueño. Por mi cabeza pasa con frecuencia, la sensación de fin. 

Diagnóstico 1

Se me han quebrado los huesos, he sentido frío y dolor por todos lados. El cuerpo se ha caído mientras dormía.

En menos de 6 horas a penas estaba en pie, con pensamientos desesperantes que no me dejaban hacer nada más que buscar ayuda y al mismo tiempo querer hacer las cosas bien. Para no poner en riesgo a nadie y tampoco entorpecer un sistema de salud que ya con todo el contexto tenía (y tiene) demasiado.

Siento miedo. El dolor es cada vez más fuerte, no tiene forma ni lugar, está en todos lados, intento describirlo pero sin metáforas me resulta imposible. Se compara con la imagen de algo intentando extraer lo que tengo dentro de los huesos, despegando las fibras blandas de las paredes oseas, lentamente hasta dejarme invertebrada y a penas respirando.

Las indicaciones me llevan finalmente a una guardia, donde sin saber que voy a pasar 7 horas, decido entrar. El clima a parece por momentos al de un libro de Ernesto Sábato que leí hace unos años: "Antes del fin". Me siento en una sala donde se percibe la proximidad de un fin.