Aquella montaña que por algún motivo decide escalar. Subir hasta lo más lejano de rodillas, rodar, hundirse y volar, por una claridad de cielo azul sincera, verdadera. Brilla en el último punto de amor dolido, escondido, lastimado o guardado, muriendo por gritarle paz al alma. Brilla vida del amor y de los vínculos enraizados. Rueda por todos lados el agua sobre ella, cae una y otra vez y vuelve a correr, ella estaba cansada, sentada sobre los brazos que ya no están para cobijarla y sobre el mar del mundo entero. Ruedan lágrimas de cansancio y sequedad.
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