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lunes, 30 de noviembre de 2020

Lunes 24 de Agosto

A D. :

 La noche ha sido invertebrada. Entre Vientos de Agua y las voces que a diario reclaman un parte que dé cuenta de que aún sigo viva, me siento por momentos sin esqueleto. 

Apareció La Peste y con ella una especie de idilio amoroso que me lleva a depositar en tu voz toda mi capacidad de sentir, que por estos días parece ser el único sentido que soy capaz de identificar. He leído al teléfono un capítulo mientras intentaba disimular mi falta de aire. A veces pienso que más allá de una peste, lo que padezco es una incapacidad humana que en este estado he podido por fin experimentar. La incapacidad de decir lo que siento. Me consuela saber que posiblemente padecemos de la misma angustia, aunque la distancia y la frecuencia con la que hablamos por momentos parecen oficiar de matiz que apacigua las bestias que nos habitan. 

El menú de hoy se veía delicioso, un elixir que seguramente oficiaba de bandera matriarcal de aromas caseros y evocaciones de un linaje digno.

Tengo un registro concreto del movimiento de la luz desde mi cama, pero he decidido pausar la reproducción y levantarme a decir, con estos dedos que pesan sobre las letras que escribo, porque todavía conservo la capacidad de sentir por sobre todas las cosas. De vientos de agua me queda la sensación del intento de enfocar la luz de la luna a través de una copa de vino, una poesía con errores y una canción desafinada que abraza.

 


viernes, 27 de noviembre de 2020

18 de Agosto de 2020

A D. :
Difícilmente logre en estas líneas expresar algunas ideas, pero he decidido no ceder al inevitable espíritu de derrota que habita las cuatro paredes entre las que me ha confirmado una llamada, que voy a tener que pasar los próximos 21 días. Quisiera contarte de una forma solemne, y al mejor estilo que pudiera existir lo que siento que atraviesa mi cuerpo, pero no me queda más que cuatro paredes y un teclado para expresar lo que me habita, que por momentos siento que me abandona. Entonces decidí escribir una carta, porque leí por Bestiario algo parecido y me resultó una buena idea. Ojalá llegara al menos a tener entre mis dedos la posibilidad de hacerte llegar una brisa que despierte una sonrisa epifánica en tu rostro, y que puedas bajar la mirada y entregarte a sentir un abrazo a la distancia. En el fondo, creo que mi intención es esa.
Intenté contar las baldosas del suelo dentro de mi cuarto, pero el fuego que siento en los ojos me lo impide, y me acordé de aquella charla en la que me decías lo gracioso que te resultaba esa forma de nombrar a una habitación, un espacio donde se duerme, y que por lo tanto debería llamarse dormitorio.
Me acuerdo sobre todo de tus ojos cansados que sostenían una especie de entusiasmo y a la vez tranquilidad, imagino que después de 4 meses del otro lado, volver a nuestro norte significaba mucho más que encontrarte con aquella extraña que alguna vez cruzaste en un bar, y que se comportó como si fuera un ordenador de pc, pero que en el fondo vivía el segundo gran duelo de su vida.
Desperté hoy, por primera vez en mucho tiempo, sintiendo la lejanía de todas las certezas que alguna vez pude amasar, quizás es esta sensación de que la muerte nos acecha que me aterroriza. Algo muy parecido a llegar a una ciudad que resulta completamente ajena, donde uno se siente literalmente sapo de otro poso, hasta que empiezan a ser visibles algunos rincones donde uno puede transformarse en un ser invisible al contexto, o la menos alejarse de la idea de que el resto de las personas se dé cuenta de que hay un extranjero.
Tengo entre mis manos una nota que en algún momento de la tarde de ayer pasó por debajo de mi puerta, la letra está un poco borrada porque el vaso de limonada que la acompañaba del otro lado evidentemente falleció. Las lágrimas de ese vaso llegaron a este lado que es hoy mi frontera. La nota dice: "No tengas miedo, voy a estar bien". La última vez que escuché algo parecido estallaba en llanto mientras cargaba los pocos muebles que me acompañaban, en una mudanza.
Resulta que ahora se me ocurre pensar en la idea de añorar, porque la imposibilidad de vincularme físicamente con alguna persona está siendo real, y me pregunto entonces por qué decido escribirte una carta a vos, y no a mi vieja, o a una amiga, no sé. Alguien a quien extrañe con la certeza de saber una voluntad de correspondencia. Resulta entonces que es gracias al confinamiento impuesto, al detenimiento inminente del paso del tiempo y la decisión de transformar mis horas de lucidez en algo que tenga sentido para mí, que decido escribirte.


miércoles, 4 de noviembre de 2020

P/D

 No puedo escribir (otra vez)

una historia 

que comience con el boceto 

de una partida.

Este es mi anuncio de despedida.

lunes, 2 de noviembre de 2020

Faltan 14 días

 Estaba dormida.

Aquella noche no hubo sueños, los cuerpos temblorosos y rendidos a la entrega definitiva se habían desplomado bajo la voluntaria oscuridad. 

Cinco segundos antes de morir, guardé el sonido del agua, el viento y la textura de tus yemas sobre mi espalda.

Algunos olores se colaban , por la puerta, vos estabas de espaldas. Reconocía el codo levantado de cuando cargas un termo y sentí el impulso de abrir los ojos dándote un beso en la espalda y mirando con vos aquel vidrio dónde me contaste que escribías las ocurrencias que te sorprendían mientras cocinabas.

Me propuse velar el tiempo y darte un beso para traerme un abrazo de mañana guardado.