Páginas

Archivo

martes, 27 de octubre de 2020

Los días

Siento el calor de la mañana, abro los ojos y a penas veo la telaraña del techo, de paso intento detectar si se mueve, para entonces tener la certeza de que vale la pena levantarme de la cama, porque se va a despegar de mi espalada la remera que ya de algodón  tiene poco. Trato de cerrar los ojos e identificar hasta donde llega mi piel, pero es inútil, a estas alturas la simbiosis ha hecho de los fluidos, los paños y el cuerpo una sola cosa. En la ventana hay una pequeña cuerda que retiene las gabardinas rayadas que de tan obstinadas buscan siempre expandirse y privar a las blancas paredes de verse así mismas teñidas de la calidez que la noche les arrebata. Entre remolinos de sentido y algunos intentos de dejar atrás el día de ayer para comenzar uno distinto, surje la idea de abandonar algunos hábitos para lograr una especie de plusvalía por descarte de prácticas monótonas, y que todo se transforme en una especie de aventura diferente, oliendo granos de café en lugar de yerba mate, vistiendo calzados que ajustan, ciñen, pero elijo pensar que contienen. Las harinas se han acabado y en la heladera se posan media manzana amortiguada de tanto abandono y una banana que no pudo resistir el frío y finalmente falleció. Unas pequeñas hojas verdes asoman por sobre la tierra que con mucho empeño riego dos veces al día, (de las pocas cosas que puedo sostener), y entonces veo que están todas mirando hacia un costado, el costado de la ventana, por donde logran colarse los rayos de luz. Mientras el imnótico sonido de algunos pájaros se desliza por lo que parece una mañana prematura, irrumpen maullidos desesperados y demandas de presencia que tengo profundas ganas de ignorar, pero no puedo. Me pregunto cómo serán los despertares entre el arroyo y las maderas crujientes, o el sueño que de tan profundo te aleja de mi realidad. Siento el calor sobre el cuerpo, como las brasas que de tanto viento se encienden para incendiar lo que se presente a su paso. Intento detectar las diferencias del presente, para entonces tener al menos un destello de certeza sobre las cosas que tienen sentido. Trato de cerrar los ojos e identificar una pequeña cuerda que retiene todos los impulsos de destrucción. Entre remolinos de sentido y algunos intentos, surje la idea de abandonarte, como si existiera tal posibilidad. Las ideas se han acabado y en los días perduran telas tercas silenciando a la piel, zapatos aprentando caminares inconclusos y la inevitable sensación de no poder resistir el frío.

martes, 6 de octubre de 2020

Diálogos con Giovanni-1

Los trazos y lo que creo intuición me acompañan en este momento, mientras intento ver, ahí en las huellas de lo que hoy tengo en mis manos. 

Me pregunto si los monstruos que veo realmente vienen de vos, si has tenido en tu cabeza y en tu cuerpo los miedos que estoy encontrando, y si las bestias te han invadido realmente, al punto de impedir que uses las palabras para describirlas, y sólo has hecho lo que has podido en estos retazos de madera. Tus santos no han de ser los míos, tu fé me queda grande y de seguro la inmens

a esperanza de pisar una tierra llena de hombres con tu sangre, me queda lejos también. Me pregunto hoy qué me dirías, qué pensarías al ver que soy yo, una mujer sin credo y que con el puño alto cada día lucha para habitar un mundo que lejos de estar clasificado, ansío ver unido en paridad e igualdad. Me pregunto qué dirías, si supieras que es una mujer quien va a dar luz a tus bestias...