Algunos días eran menos difíciles que nuestras realidades, pero en general coincidíamos en que nos hacía bien compartir las cosas que nos atravesaban, porque estábamos ahí para darnos el abrazo que al día siguiente motorizaba nuestro andar, para no dormirnos en clase, estar despiertes en nuestros otros laburos, o simplemente para llevar lo cotidiano.
Como toda construcción orgánica, las puertas se fueron cerrando. Esos años fueron agónicos y puedo nombrar por primera vez la sensación que en ese entonces no podía ni si quiera describir. Tristeza. Desesperación. Incertidumbre. Tristeza. Un día entendimos que "la casa" nos había encontrado, pero una vez hermanades y abrazades, no podíamos volver a caminar separades. Y así, con probablemente veinte pesos en el bolsillo y la cuenta de la luz sin pagar decidimos empezar a soñar. Rescatamos cual náufrago los sentires y las ganas de seguir, para levantar la cabeza a un horizonte completamente vacío, frente al que estábamos solo nosotres. El corazón nos llevó a tener quizás la charla más incómoda de nuestras vidas laborales hasta entonces, y cual niñe que decide autonombrarse adulte, dijimos sobre una mesa muy difícil, las palabras que sabíamos nos llevarían al fin de los acuerdos hasta entonces no firmados.
Entendimos desde siempre que las construcciones sólo pueden ser colectivas, que las cosas existen gracias al amor de las personas, que los deseos deben pensarse y construirse a partir quienes están alrededor, y sobre todo, que del amor no debe nunca une olvidarse, porque es lo que sostiene al mundo.
Así existió "Charco" con un concierto de la Nancy que sostenía en brazos a la Sofi, la Iliana embaraza y Eduardo Picco haciendo sonido para donar su derecho. Elles donaron su derecho a ser artistas remunerades aquel día, para que el Charco comience, para que exista un lugar donde la condición primaria iba a ser desde entonces, la construcción colectiva.
Con el tiempo llegaron nuevos espacios, habitaciones amplias con retorno para el canto, festejos de cumpleaños y El Ciclo que la ya entonces hermana Nancy había decidido compartir. Esa grupalidad generosa donde la Vale y la Anto nos hacían experimentar sobre la alfombra que se podía inventar, al calor del hogar en el invierno y los revoloteos de mosquitos en verano, donde la Vivi entraba cantando con su caja y donde el Pipa y el Gabi han registrado más que noches. Me atrevo a decir que elles han hecho del Charco lo que fue aquellas noches.
En Charco se podía tocar el timbre a cualquier hora del día y llevar mate en mano para elegir de nuestra biblioteca armada con donaciones y compras de la Luli, un librito para leer.
En Charco se podía tirar un mensajito y llegar a chusmear la tienda de la Lou, una diseñadora tan creativa y luchadora como pocas en Tucumán.
Si se te ocurría pasar y "ver que onda" por la mañana te encontrabas con Waly al teléfono con mil proveedores diseñando el inicio de la jornada, que prontito se llenaba de madres y abuelas mezclando ollas y repulgando empanadas.
La Sol con mil ideas más potentes que cualquier Arsat, la visionaria del team, que siempre ha pensado más allá de lo que todes podíamos ver, y el Mostro... el motor quizás más importante de la existencia de Charco.
Todo el tiempo pensando en qué, cómo y cuándo darle forma a todas las ideas que surgían de las reuniones de la mesa redonda estaba el Eze, o Manu haciendo las veces de mapeador colectivo, que nos ordenaba y sonorizaba cualquier cosa que se nos ocurría. La Cocó un día se animó a darle al Taller de Cerámica Cantera y se armó nomás. Y no estábamos solxs. Jamás estuvimos solxs.
Cada hermane, madre, padre, abuele, compañere y amigue ha colaborado a que exista Charco.
Hoy puedo ponerle palabras a la sensación de mutación que nos ha invadido todo ese tiempo. Volver a hermanarnos con el Cordo, Luquitas, la Giula, Sergei, Juancito, La Gina, La Anita, El Seba, La Nube, La Majo, El Chato y todes aquelles que han ido a compartir, aportar fuerza de trabajo, hacer el aguante y sobre todo pensar en conjunto. Todo ha sido aprender en colectivo, diseñar en conjunto y pensar un espacio que represente al mundo en el que decidíamos y decidimos vivir.
Como toda construcción orgánica, las puertas se fueron cerrando, esta vez para no dejar lo vivido en una casa, la memoria o el pasado. Hoy puedo sentir que aquel diseño forma parte de nuestro presente y que somos muches pensando detrás de las cortinas de nuestras ventanas, cómo sería el futuro si pensáramos para siempre que al mundo lo podemos diseñar grupalmente.
Cada hermane, madre, padre, abuele, compañere y amigue ha colaborado a que exista Charco.
Hoy puedo ponerle palabras a la sensación de mutación que nos ha invadido todo ese tiempo. Volver a hermanarnos con el Cordo, Luquitas, la Giula, Sergei, Juancito, La Gina, La Anita, El Seba, La Nube, La Majo, El Chato y todes aquelles que han ido a compartir, aportar fuerza de trabajo, hacer el aguante y sobre todo pensar en conjunto. Todo ha sido aprender en colectivo, diseñar en conjunto y pensar un espacio que represente al mundo en el que decidíamos y decidimos vivir.
Como toda construcción orgánica, las puertas se fueron cerrando, esta vez para no dejar lo vivido en una casa, la memoria o el pasado. Hoy puedo sentir que aquel diseño forma parte de nuestro presente y que somos muches pensando detrás de las cortinas de nuestras ventanas, cómo sería el futuro si pensáramos para siempre que al mundo lo podemos diseñar grupalmente.