"Volar" escucho mientras decido ver cómo fue tu noche. Al día siguiente. Y pienso en la consigna de la semana: prestar atención a todo lo que hace mi cuerpo mientras interactúo con el mundo. Es inevitable racionalizar el pensamiento, pero al sentimiento te lo debo, y empiezo a darme cuenta de la autoestafa que soy capaz de sostener y de la relatividad con la que puedo manipular el sentir. Automáticamente se me altera la receta y de los ingredientes van incendiados la mitad, de ese descarte dominó que me persigue van reduciéndose los tiempos para el escape y al final parece que van a quedar los sentimientos en mi cara, ellos atropellándome claramente.
(Descubrí que muevo los ojos como si te mirara en persona, mientras endurezco la mandíbula y retraigo los dedos de los pies).
¿Qué siento? No sé si pueda hacerme cargo.
(Descubrí que muevo los ojos como si te mirara en persona, mientras endurezco la mandíbula y retraigo los dedos de los pies).
¿Qué siento? No sé si pueda hacerme cargo.
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