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domingo, 4 de febrero de 2018

Libre

Despierto a las 3 de la mañana, respirando sin ritmo y me doy cuenta que se me está yendo de las manos la misma cosa que ensueño. 
Te digo bastante seguido (como para recordarme a mí también) que sos libre, pienso cuando no te veo en todas las cosas que me llevan a elegirte y a sentir que vale la pena por fin una vez, no resistirme a sentir.
A veces tengo la sensación de que todo es una ruleta y que mis respuestas eventualmente dependen de circunstancias, que ni yo puedo identificar, otras veces que lo que digo es realmente lo que pienso, aunque no tenga idea de qué se trataría vivir como pretendo. A veces creo que todo lo que digo es lo contrario a lo que deseo, pero lo hago porque me gana el orgullo y antes de pensarme derrotada, prefiero que parezca que todo me da igual.
Sabía que no me convenía dejar de pensar para sentir. Zafaba siendo un comodín camaleónico o mejor dicho, haciéndome la boluda.
No puedo dejar de presentir la catástrofe, o de pensar que se viene lo peor.
No entiendo si se trata de una premonición o de sentido común, pero tampoco puedo parar, no sé cómo volver al chip de irrompibilidad emocional desde acá, y tampoco estoy segura de que algo me vaya derrumbar de nuevo.
La única certeza que tengo hoy, es que nada nxs pertenece.

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