Celeste como transparente de esos inofensivos, entre suaves esponjosas caricias con algún que otro cobertor. Es verdadero simple dócil fugaz silencioso lento. Protector y tierno, como lo que no se puede ver sin tocar, y mucho menos impedir que se te aflojen las rodillas.
Mirarlo es ser niño y tener una vuelta al mundo enfrente, o soplar un diente de león por deseos cumplidos.
Como sensación de piel cerquita, que levanta los poros, agudiza los sentidos y me hace sentir frío, hasta que me abraza y me mareo. Un óxido de hierro que matiza de a poquito sin manchar, sin teñir. Tejido de kilómetros de largo flameando y flaneando me tiene hasta dormirme, en sus brazos.
Noche mañana tarde... pequeño y grande, cercano y lejos. Así es mi cielo, bajo el que quiero vivir.
Mirarlo es ser niño y tener una vuelta al mundo enfrente, o soplar un diente de león por deseos cumplidos.
Como sensación de piel cerquita, que levanta los poros, agudiza los sentidos y me hace sentir frío, hasta que me abraza y me mareo. Un óxido de hierro que matiza de a poquito sin manchar, sin teñir. Tejido de kilómetros de largo flameando y flaneando me tiene hasta dormirme, en sus brazos.
Noche mañana tarde... pequeño y grande, cercano y lejos. Así es mi cielo, bajo el que quiero vivir.
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