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viernes, 30 de diciembre de 2011

Dominó

Nunca existió un encuentro, él soñaba cruzar sus dedos con los de ella uno al lado del otro de pantalodes arremangados y pies descalzos, al amanecer. Recorría una y otra vez los lugares todos, aquellos donde alguna vez la saludó, mirando sus ojos negros con ganas de tomarla de la cintura y besarla. Ella sabía que el era perfecto, que la haría feliz, pero sus piernas no temblaban al verlo, sus manos no transpiraban al escribirle y su corazón temía terriblemente a sentir. Al mundo. Mantenía sus palabras enfrascadas y solía embriagarse con frecuencia. Un, dos, tres, cuatro..."El amor dura dos semanas", solía decir todo el tiempo. Un hombre a la vez y entre una y cuatro semanas la obsesionaba. Leía, escuchaba, miraba. Preguntaba gustos, sabores, autores, y luego de regreso buscaba todo, en  la mesa y con una taza de café durante días. Trataba. Se preguntaba por qué, cómo, cuándo, quién. Salía por las calles y en medio de cervezas charlaba, tenía vínculos nuevos. Apenas algunas hipótesis rondaban su nueva teoría (tenía millones) cuando lo que parecía encantado comenzaba a derrumbarse, lo idealizado ahora inexistente y la esperanza un poco trunca, hacían de todo una nube de humo, disipada a corto plazo, de a poco comenzaba su nueva búsqueda. Y así...Al archivo nuevamente, esta vez para otro análisis, nunca ella, sólo el resto. En eso consistía su dominó.
Tenía mucho miedo. Él, no lo sabía.



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